La insuficiencia renal crónica es un grave problema de salud pública mundial.
Es un padecimiento insidioso y habitualmente lento y por ello suele pasar desapercibido, hasta que ya la enfermedad esta muy instalada y con grave deterioro de la función de los riñones.
Es la causante; muchas veces sin que se descubra este padecimiento, de enfermedades cardiovasculares que pueden llevar a la muerte prematura.
Existe una expresión metafórica, que enfatiza esta asociación: “El riñón es el centinela del corazón”.
Su vinculación con las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y sobre todo con la diabetes, enfermedad que está en creciente aumento en el mundo, en Latinoamérica y en Argentina, hacen de esta asociación; que incluye a la Obesidad, un enemigo común de toda la sociedad, siendo necesario que las personas intensifiquen su autocuidado y se constituyan en verdaderos paladines para contribuir a controlar sus severos efectos sobre la salud humana.
Actualmente se estima que hay más de 1.500.000 personas en el mundo, que están en diálisis o necesitaron un trasplante.
Datos muy recientes del INCUCAI, muestran que en Argentina hay 24.780 pacientes en diálisis.
Pero esa cantidad es solo una pequeña muestra de la gran cantidad de personas que padecen algún grado de alteración en sus riñones, ya sea una mínima perdida de proteínas por la orina, hasta una severa alteración de su función.
Lo grave de toda esta situación, es que a medida que la enfermedad progrese (habitualmente en forma silenciosa y a través de muchos años), estas personas sufrirán enfermedades cardiovasculares, que pueden incluso llevarlas a una muerte prematura.
Ante esta situación:
.- ¿Existen posibilidades ciertas de establecer mecanismos sencillos de control de estos padecimientos?
.- ¿La enfermedad renal y por ende la enfermedad cardiovascular asociada, puede ser prevenida?
La respuesta a ambas preguntas es SI.
.- ¿Requiere de costosos y molestos análisis, para llegar a un diagnóstico precoz?
La respuesta es NO. Son sencillos y económicos..
.- ¿Deberíamos incorporar el conocimiento de nuestros valores de creatinina en sangre, con la misma fuerza con que nos preocupamos por los valores de nuestro Colesterol?
La respuesta es SI.
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