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La medicina evolucionó a través de los siglos desde un origen artesanal de los oficios,
o de algunas técnicas habituales para aquellas épocas iniciales. Los
grandes adelantos que el conocimiento científico fue incorporando, determinaron una
ampliación constante del herramental disponible, tecnologías autosuperadas en forma
vertiginosa, desarrollo casi ilimitado de la farmacología y de la investigación
biotecnológica, e instaló la necesidad de nuevas formas de evaluación de su accionar,
con el advenimiento de la bioética. La
erradicación de las grandes epidemias, y el mejor control de algunas enfermedades
determinaron la aparición de los enfermos crónicos, con su nuevo equilibrio en el medio.
También
pusieron de manifiesto las profundas inequidades en la cual se desenvuelve la humanidad,
fortaleciendo las diferencias entre los países con elevados standares de vida, y aquellos
con una masa crítica poblacional por debajo de la línea de pobreza. Por
otra parte desarrollaron inequidades internas diferenciando claramente una parte de la
población con amplia accesibilidad a la medicina de mayor sofisticación, y la otra;
mayoritaria en los países de Latinoamérica; con grandes dificultades de acceso a los
mecanismos de prevención de las enfermedades, promoción
y recuperación de la salud. Sin
embargo, el gasto en salud a nivel global se ha establecido en niveles que comprometen
seriamente los recursos económicos de la mayoría de los países, a pesar de una
inequidad evidente en la utilización de los recursos, que los dirige a la población
menos vulnerable, y con mayor accesibilidad, con el agregado de una gran ineficiencia en
el gasto. Se
han hecho presente enfermedades y patologías relacionadas con el desarrollo a veces
acrítico de las grandes ciudades, acompañantes de la creciente polución, peligrosidad
industrial, accidentes de tránsito, tabaco, y mas recientemente el enorme incremento en
el consumo de drogas sociales, peligrosas, que generan dependencia, y la cada
vez mas frecuente asociación drogadicción y SIDA. También
el envejecimiento poblacional agrega una nueva situación, con una creciente cantidad de
personas alejadas de la edad productiva, y con elevado consumo de recursos sanitarios y
nuevos cuadros nosológicos de enfermedades, ni siquiera imaginadas como posibles hasta no
hace muchos años, por ejemplo, las derivadas del uso de tratamientos supletorios de la
función de algunos órganos, con equipamiento y aparatología de gran desarrollo
tecnológico, o los trasplantes de algunos de ellos. Si
bien en todos los tiempos, el rol educativo del médico fue fundamental, en la actualidad
se ve potenciado, pues su responsabilidad docente estará diferenciada de acuerdo al
estilo de vida la que deba asumir en relación a la población a la que deba asistir. Los
nuevos modelos formativos, que todavía están centrados en un modelo bio-médico, deben
focalizarse hacia una meta de comprensión médico- social y económica, llevando la
educación médica hacia el logro y mantenimiento de calidad de vida, a través de calidad
en el conocimiento y fundamentalmente calidad
de práctica, que incluye a las relaciones interpersonales de las llamadas, relaciones
médico/paciente, médico/familia, médico/comunidad. Para
ello debe contemplarse en la educación médica la promoción y protección de la salud
individual, la salud comunitaria, el gerenciamiento, los aspectos éticos de la dirección
del cuidado, y la adecuación de su acción con una visión de lo financiero,
administrativo y cultural. Así
como el Sistema de Salud debe proveer una alta calidad en el cuidado de la salud, un
estilo de vida saludable de sus usuarios, un uso apropiado de tecnología, el Médico debe
esforzarse por poseer alta calidad profesional, la cual incluye el ser un buen comunicador
social, ser un referente permanente de la salud pública, y administrar correctamente los
recursos que la sociedad posee, tanto desde lo tecnológico como desde lo social. Su
accionar y el del Sistema debe tratar de garantizar calidad, eficiencia, y
fundamentalmente equidad, otorgando a cada persona la capacidad de acceso a la salud, y a
su cuidado. Por
ello, no puede soslayarse en una buena práctica médica, la participación del médico en
el desarrollo de los medios que tiendan a mejorar el estado nutricional de la población a
la que asiste, la alfabetización, y a desalentar el sedentarismo, la violencia familiar,
y la contaminación. Debe
tener presente , que los factores de stress, la situación de empleo-desempleo, la
precarización, la marginalidad, son algunos de los condicionantes sociales que pueden
relacionarse con ciertas adicciones, sin olvidar aquellos derivados de modificaciones en
el estilo de vida de las comunidades, el gran estímulo y tendencia al consumismo, la
nocturnidad, que favorecen la adquisición de nuevas normas de conducta sociales, que
pueden incluir el consumo de drogas. Ya
en 1930, Abraham Flexner, publicó su libro Universities, American, English, and
German, en el cual ya alertaba acerca de los riesgos de la excesiva
especialización. A
pesar de ello fueron desapareciendo los médicos generalistas, y se fomentó la
fragmentación de las especialidades, cuyo efecto paradójico fue un incremento de la mala
praxis, y luego un cierto desencanto tecnológico , que derivó en la década del 70 a que
en algunos países; la mayoría desarrollados; se propiciara la reinstalación de un nuevo
médico generalista llamado médico de familia. A
la fecha no se ha logrado su completa difusión en algunos países, entre ellos el
nuestro, pues requiere una modificación sustancial en la currícula de las Escuelas de
Medicina, cambio que en la actualidad se encuentra en gestación. Este
médico debe comprometerse con las familias a las que asiste, considerándolas globalmente
como población de riesgo, comenzando su
accionar en estado de salud y no aguardar la consulta de la enfermedad. Debe facilitar
todos los aspectos de la educación sanitaria, y ser abarcativo a todos los problemas
sanitarios, orientando, aconsejando , atendiendo, y tendiendo a transfomarse en el eje de
todas las acciones de salud que resulten necesarias para los miembros de su comunidad., de
la cual es partícipe. Existen
dos trabajos de investigación, que pueden considerarse clásicos, cuyos autores, McKeown [2][2]y Fox[3][3], amplían la
posibilidad de cobertura, no limitándola a un solo médico por familia, pues si bien
resaltan la relación personal de la atención médica, otorgada por el mismo profesional
en el hogar, la cínica, y el hospital, amplían las posibilidades de atención a un
equipo médico que posea pediatra, clínico, obstetra, y geriatra. Su
rol integrador, coloca a este médico, en inmejorable posición de ser un eficiente
administrador de recursos, pues existen dos elementos comunes a toda sociedad; dependiendo
de su grado de educación y cultura; que son : la frecuencia de consultas efectuadas por
síntomas menores, cuando el nivel educativo es mas alto, y como contrapartida ,la
cantidad de síntomas graves no comunicados, por los miembros de las comunidades con menor
grado de instrucción. También
existen diferencias significativas en la práctica médica, entre las zonas urbanas y
rurales, siendo en estas últimas donde la diversidad de prestaciones a brindar por el
mismo médico es necesariamente mas amplia por la menor accesibilidad a otros servicios de
atención La
buena relación médico paciente que se establece, incluyendo el acuerdo con el enfermo
del diagnóstico y tratamiento, considerando el modelo biopsicosocial de enfermedad, por sí sola tiene influencia positiva sobre los
resultados terapéuticos, ejerciendo desde la profesionalidad la acción de un sanador,
por lo que resulta imprescindible para poder fomentar la maduración y el autoconocimiento
en sus pacientes, que deba intensificar prioritariamente, el suyo. Si
bien algunos estudios no han encontrado que una actitud del médico, percibida por el
paciente como amistosa o cálida, hayan mejorado por si misma el cumplimiento del
tratamiento, si se ha podido comprobar, que la ausencia de esta expresión
amistosa produjo una reducción importante en el grado de cumplimiento del tratamiento.[4][4] Debe
tener en cuenta, que todo su conocimiento, experiencia y vocación, encontrará su cauce
técnico centralizador en el método clínico empleado, no debiendo propender al error de
centrarlo en sí mismo, sino en el paciente, incorporando en su análisis las
subjetividades que le despiertan a esa persona enferma sus dolencias, y acompañándolo en
la búsqueda de las soluciones posibles. Su
contacto cotidiano con sus iguales, integrantes como él de la misma comunidad, le permite
jerarquizar las acciones de promoción de la salud, y de prevención de enfermedades y/o
adicciones, y de sus complicaciones precoces o tardías. Su
control sobre el cumplimiento de las inmunizaciones, beneficiará el futuro de salud de su
comunidad, y el tratar de entender y acompañar en las distintas responsabilidades a sus
miembros, afianzará su inclusión activa comunitaria, acompañando los ciclos vitales
familiares. Fundamentalmente,
con su labor diaria y permanente , tiende a constituirse en el principal articulador de
los sistemas de salud que mejor funcionan en el mundo. Nuestro
país, con una larga tradición de formación de profesionales médicos en las mas
variadas ramas de la especialización, con prácticas individuales de igual jerarquía
técnica y de resultados semejantes a los de los países mas desarrollados del globo, aún
no ha logrado consolidar un Sistema de Salud eficiente. Aún
presenta desarticulación de niveles, falta de contención de los enfermos, y ausencia de
políticas preventivas con planificación intersectorial y/o transectoriales. Fundamentalmente,
hay escasa participación de la comunidad en las acciones de salud, que sean fomentadas
desde los niveles centrales de planificación y ejecución, y en general se coincide en
que existe un alto grado de inequidad , ineficacia e ineficiencia, que debe ser corregido.
Es
en todo el campo de la medicina, pero fundamentalmente en el capítulo de las
drogadicciones, donde se requiere una distinción conceptual entre la comprensión de la
enfermedad como un fenómeno natural, en términos de la función, y el papel del
individuo en la sociedad, que es lo cambiante con el tiempo y las circunstancias. Todo ello justifica que intentemos una nueva mirada desde la consulta médica. NOTAS Artículo publicado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Cátedra de Bioética, 1997 (*) Médico. Magister de la Universidad de Buenos Aires en Salud Pública. [2][2]
McKeown, T. Future of Medical Practice Outside Hospital, Lancet 1:923-928 (May 5)1962
[3][3]
Fox,T.F. Personal Doctor and His Relation to Hospital, Lancet 1:743-760 (April 2) 1960
[4][4] Korsch,B.M.,Gozzi,E.K., y Francis,v. Gaps in doctor-patient comunication.1.Doctor-patient interaction and patient satisfaction. Pediatrics 42 : 855-871, 1968 |